Esta semana he alcanzado esa edad en la que hay que empezar a contar hacia atrás porque estás en tiempo de descuento. Y no lo digo por decir. Mi abuela Josefa no llegó hasta aquí, por ejemplo. Te detienes, miras atrás. Sigues sintiéndote aquella niña que observa el mundo con los ojos muy abiertos… aunque ahora mi cabeza está atiborrada y mi corazón plagado de cicatrices.
Alguna cosa he aprendido por el camino. Por ejemplo, que el refranero popular es fuente de sabiduría, aunque también contiene alguna trampa. Por ejemplo, “el saber no ocupa lugar”. Rotundamente falso. Por eso yo no sé planchar, ni me interesa aprender. O lo de “si quieres, puedes”. Funciona. Pero no por arte de magia. Solo si pones los medios. No basta con desear. Tampoco sirve copiar. Es cuestión de voluntad sí, pero a partir de lo que somos, un cúmulo de imperfecciones, a las que hay que sacar partido.
Ni aire acondicionado ni na
Hace ya siglos crucé la península, en pleno mes de agosto, a bordo de un Renault 12 ranchera muy viejo, que se recalentaba. Aproximadamente cada 100-200 kilómetros, en función del relieve del terreno y la temperatura ambiente, había que parar a la sombra, esperar un ratito y, después, reponer el líquido de refrigeración. Con 1.000 kilómetros de recorrido (solo la ida), suena a que el viaje resultó muy pesado. En absoluto.
Las características del vehículo exigían ese mantenimiento. Ignorarlo sí hubiera sido un desastre. Sin embargo, esos ratitos daban para dar un paseo, tomar algo, admirar un paisaje, un paisano o un edificio, echar una siesta… se convirtió en un viaje muy agradable, sin prisas. Creo que nunca he disfrutado tanto ese camino.
Es más, me dio tiempo a pensar. Inevitable recordar todos y cada uno de los viajes previos que había realizado. En incontables modelos, de variadas marcas y precios, había atravesado esas mismas carreteras. A distinta velocidad, a veces con percances, pero siempre llegando a mi destino. Porque lo importante no es conducir un 600 o un Ferrari. Y no, no niego las diferencias. Pero si no le pones gasolina, igual da, ¿verdad?
De coches a personas
No importa cómo naciste, si tuviste una infancia feliz o desgraciada… La clave, te toque lo que te toque, es conocerte y optimizarte. Aprovechar y compartir tus cualidades y encontrar soluciones para paliar los defectillos. Esos apaños no son un castigo, como en las paradas del camino, puedes disfrutar.
Envidiar un Ferrari es ridículo. Aunque sea capaz de correr a 300 por hora, no te lo permite ni la ley ni el sentido común. Está infrautilizado. Además, pondrías tanto cuidadín en no estropearlo… traducido: ser muy guapo o guapa genera estrés por mantenerse en perfectas condiciones y te somete a juicio público.
A partir de ahí, a mirar hacia adelante, a mezclarse y contaminarse, aprender y enseñar, dar y recibir, ofrecer y pedir, enfadarte y desenfadarte… Y atención al nivel de gasolina: ilusionarte con todo lo que haces, desde que te levantas. Ponte la sonrisa y te sonreirán, ¿a que sí?
¡Feliz año a todo el mundo! Chin-chin!!
Imagen principal firmada por Sean Stratton. Descargada en www.resplashed.com
Me ha encantado porque como bien dices, si ajustas la máquina y eliges un buen camino acompañado de naturaleza de la buena ( amigas como tú), la vida es bella.
Feliz cumpleaños M Jose!!!
Gracias, Susi!! Tú sí que eres bella. De aquí a nada excursión!! 😉