Y no me refiero a obras arquitectónicas, como la Ciudad de las Artes y las Ciencias o el paseo marítimo de la Malvarrosa, que bien se merecen un rato largo y pausado. No, hablo del día a día, de las situaciones cotidianas. Por ejemplo: dos personas se sientan en la mesa de la terraza de un bar, a la que nunca han ido previamente. Y les atiende un camarero o una camarera que no habían visto jamás. Su conversación transcurriría así:
– Bon día! Ens posa dues cervecetes? I també unes olivetes, per favor.
– Alguna coseta més?
– Si, posa’m també un cafenet.
Lo traduzco y recomiendo a los valenciano pensantes que también echen un vistazo a la versión en castellano. Porque quizá nunca se han parado a pensar en un ‘pequeño’ detalle:
– Buenos días, ¿Nos pone dos cervecitas? Y también unas aceitunitas, por favor.
– ¿Alguna cosita más?
– Sí, ponme también un cafecito.
También, por supuesto, se reproduce la situación en un ambiente tan íntimo como el doméstico. Pongamos que llegas a casa de tus progenitores, a comer. Mientras te lavas las manos te gritan desde la mesa:
– Vinga, que es refreden els fideuets!
Para ganar tiempo, mientras te secas, contestas:
– Pensava que hui hi havia arroset. Posa’m un platet. Però posa’m poquet, eh?
Traducido:
– ¡Venga, que se enfrían los fideítos!
– Creía que hoy había arrocito. Ponme un platito, pero ponme poquito, ¿eh?
Dicho esto, no debería sorprendernos que pequeño se diga xicotet (que vendría a ser el diminutivo de chico, pequeño). Como en otros lugares donde se usan dos lenguas, se mezclan. No solo las palabras, también la forma de usarlas. De ahí que el castellano que se habla en Valencia mantenga esa querencia por los diminutivos.
Por ejemplo, pongamos que fallece alguna personalidad conocida, pero con la que ninguno de los interlocutores ha tenido ningún trato en su vida. Ni, de hecho, la noticia les afecta más allá de la sorpresa que produce a los mortales que alguien haya partido. Es más, puede que el cruce de palabras se mantenga en el mercado, con el tendero de origen albaceteño, mientras está pesando el trozo de queso que va a vender:
– Ha fallecido Perico Palotes… parece que llevaba ya un tiempo malito.
– Pobret! (¡pobrecito!)
Resulta especialmente chocante utilizar un diminutivo en este caso. Porque esa fórmula reduce el valor del significado de la palabra, lo suaviza. Y si esa circunstancia previa le ha llevado a la tumba, ¿no resultaría más lógico decir que estaba enfermo? Es más, ¿que estaba gravemente enfermo?, ¿mortalmente enfermo? No en Valencia.
Quizá tenga que ampliar mi lista de cosas de los valencianos que sorprenden a los del Norte. Aunque quizá no tanto porque a los gallegos, déjalos correr: riquiño, sería algo muy similar. Y también suena mejor en gallego.
Si aún estáis esperando que responda a la pregunta del titular, lamento decepcionaros con un simple: “porque sí, carinyet”, como dicen los valencianos (porque sí, cariñito). Al menos, hasta que alguna tesis de filología aborde el tema… y yo me entere.
Jajaja que graciosito