Parece que vivir cerca del mar une y, de hecho, tenemos cosas en común. Pero no es lo mismo Mediterráneo, Cantábrico o Atlántico. Mientras los valencianos ven salir al sol sobre las olas, los gallegos lo despiden. No es una cuestión de temperatura, aunque también. Nuestras diferencias pueden resultar extremadamente chocantes y, sobre todo, se plantean en lo más cotidiano, como el trato personal o la comida que se sirve en la mesa. Si vives en Valencia y recibes visita del norte, a tus amigos se les va a caer la mandíbula al suelo unas cuantas veces, ¿te imaginas por qué?
Cuando los valencianos visitan Galicia también requieren de explicaciones. Pero pongámonos ahora en que vienes del norte y visitas Valencia, seguro que te llaman la atención unas cuantas cosas como…
Si alguien se acerca a nuestro amigo valenciano y, a voz en grito, le interpela “Ey, fill de puta!”… tranquilidad, no estamos a punto de presenciar una pelea. Es un saludo íntimo y cariñoso. Así que, aunque a continuación venga un empujón, terminará en abrazo. Tampoco te tomes muy a pecho lo de “cariñet” (cariñito), cielo, bombón, corazón y otros piropos que derrochan. Es su forma de hablar, no te están tirando los trastos. Digamos que son más ceremoniosos.
La gota fría: se repite todos los años e, inevitablemente, causa estragos. Parece mentira que, año tras año, les pille desprevenidos… lo entenderás si te pilla. Esa masa de agua que se precipita no es, lo que se dice, lluvia. No hay alcantarillado que lo pueda absorber. Y más aún si la orografía del terreno empuja las aguas hacia la costa, es una avalancha.

Manga marina registrada en 2017 frente a la playa de Mareny Blau (Sueca, Valencia). Desconozco al autor. Fue una de las miles de imágenes que circuló ese día por “Whatsapp”.
En las playas de arena valencianas habrá dos cosas que a primera vista te sorprendan: que haya tanta gente dentro del agua y que debas caminar mucho para lograr sumergirte. Y cuando digo mucho es mucho. Por el camino es muy probable que te tropieces con bancos de arena que hagan que el agua vuelva a bajar hasta tus rodillas… por eso, y no por lo que habías imaginado, está tan caliente el agua. Si la quieres más fresquita, prueba en Alicante.
Las fallas, desde hace muy poco Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Una ciudad sin coches, iluminada y paseada de día y de noche, animada por bandas de música y pasacalles, repleta de maravillosas y coloristas esculturas por todas las esquinas, acompañadas de su retranca (eso sí, en “valencià”) que desaparecerán en un par de días… para siempre. Sí, cuesta entender que el trabajo de todo el año se queme en unos minutos. Para el recuerdo queda el “ninot indultat”, que se puede admirar, junto a los de otros años, en el Museo Fallero. Os escandalizaríais si supierais cuánto le cuesta a una familia ser fallera (estos gastos son por persona). La cifra se dispara para ser fallera mayor (de una falla cualquiera). La fallera mayor de Valencia… es otra historia.
Aparcar en doble fila… y no echar el freno de mano. Siempre, siempre, siempre, hay que dejar el coche suelto para que, si a alguien le molesta, lo pueda empujar. Eso implica que si ha pasado un rato, tu coche puede que ya no esté donde lo dejaste. En ocasiones se llega a crear una tercera e incluso cuarta fila (recogida del cole de los niños, partido de fútbol, fallas, etc.). Tiene su explicación: es una ciudad muy plana y en la mayoría de sus calles no existe ninguna pendiente. Así que quítate el chip de las cuestas y no lo bloquees.
Los petardos: creías que sabías lo que eran hasta que descubres, con gran alarma, la potencia que pueden llegar a alcanzar y, sobre todo, la edad y el sentido común de quienes los tiran. La variedad es más que amplia, pero te la resumo en el petardo por autonomasia, el “masclet” (traducido, machito), chino (un petardillo para principiantes que puede parecerte adecuado), “bombeta” (si vas con niños, te interesa esta versión infantil del “tro de bac”, también la “fuente”, que solo hace luz). Y atención, los “borrachos” son esos que te persiguen y encadenan varias explosiones, les dan miedo hasta a los lugareños… Recuerda mantener la boca abierta mientras dure la “mascletà”. Y otro día te explico qué es eso de la “despertá”.
¡Vamos a ver el castillo! Qué curioso, nos hemos quedado parados, no se puede avanzar más. Toda esta gente aquí congregada, esperando… y desde aquí ni se vislumbra la fortaleza. Ni la ves ni la verás. Lo que estás a punto de presenciar son fuegos artificiales que, vete a saber por qué, aquí se llaman castillos.

Castillo lanzado para celebrar la declaración de las Fallas como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO.
La “nit del foc“, traducido, la noche del fuego. No, no es la noche en la que se queman las fallas. Esa es la “nit de la cremà”. La del foc es la noche anterior, la del 18 de marzo, en la que se lanza el castillo más espectacular. Es normal que te confundas, hasta en el telediario se equivocan.
Hay algo muy típico en fallas: Cenar de sobaquillo. Se trata de llegar con un bocadillo (no hace falta portarlo bajo la axila, aunque de ahí venga el nombre). Allí te darán bebida y algo para picar. Uno muy común es el de “blanc i negre”. Es decir, salchicha fresca y morcilla, acompañadas por habas estofadas. Cualquier cosa, por ejemplo un guiso de calamares o un huevo frito con patatas, lo ponen entre pan. Otro bocadillo muy famoso es el detector de no valenciano parlantes. Si alguien pide “bocadill de jamó i ques”, en lugar de “entrepà de pernil i formatge”, se delata.
La paella valenciana: Empecemos por su nombre, significa “sartén valenciana”. Sus ingredientes son (ni uno más ni uno menos): arroz, pollo, conejo, judías verdes, habones (garrofóns), un diente de ajo y especias (azafrán, romero…). La paella valenciana acaba aquí. En Castellón y Alicante es distinta. Y sí, también hay variantes en cada casa: pimiento, alcachofas, higadillos… Oficialmente, el resto son arroces. Hay mucha variedad. Especialmente de arroces “secos” (arroz a banda, de bacalao con coliflor, de verduras, de San Blas…), pero también hay alguno meloso e incluso caldoso. Son capaces de comer arroz todos los días de la semana. Eso sí, salvo el “arrós negre”, siempre de color amarillo.
Cuidadín en el restaurante: Ni se te ocurra pedir marisco (salvo que quieras degustar las gambas rojas de Denia o los langostinos de Benicarló, in situ, claro). Es muuuuy caro y difícil que lo encuentres bueno. En general, el pescado, mejor de playa o de roca (dorada, salmonetes…). Los mejillones se llaman “clótxinas”. Son más pequeños y (los valencianos dicen que) más sabrosos. Las “tellinas” (intraducibles) son deliciosas como aperitivo. El “sepionet” (choco) o el calamar de playa, a la plancha, son una buena elección. Si eres más de carnes, no elijas ternera. Tienen una huerta muy variada. Y las ensaladas son muchísimo más que lechuga y tomate.

Si pinchas aquí, descubrirás más secretos del alioli…
El ajoaceite o “all-i-oli”: eso que te han puesto, junto con un poco de pan, para que te entretengas mientras llega la comida no es mantequilla templada. En realidad, salvo que te cuelen el de bote, es una obra de arte: ajos machacados y emulsionados en el mortero, con destreza y paciencia, junto con un chorro de aceite. No confundir con esa mayonesa con un toque de ajo a la que llamas alioli.
Las naranjas valencianas. Las descubrirás si alguien te invita a “espigolar” su campo: enormes, naranjísimas y buenísimas. Es posible que las nombren por su variedad: “navel”, “valencialate”, “sanguina”, “salustiana”… Por cierto, si recibís un cajón de naranjas, o mandarinas, y llevan hojas, sabed que no están ahí para incrementar el tamaño y peso de la mercancía. Son una muestra de que han sido recolectadas ya maduras (por eso las hojas siguen verdes y las frutas ya son naranjas).
Las rosquilletas. No, no son dulces como las rosquillas. Se parecen a algo que en Madrid llaman colines. Son un gran invento y ahora ya las puedes comprar en Mercadona, ¿aún no las has probado?
Un polo en Valencia puede ser dos cosas: una camiseta de corte pijo o un helado de hielo (originalmente sin leche, aunque hoy en día la lista de ingredientes puede ser muy larga) con sabor y color: polo de limón, de naranja, de horchata, de sandía… El resto son helados (de sabores infinitos, incluyendo turrón o fabada).
En verano hace mucho calor. No cojas chaqueta. Cuando se ponga el sol el termómetro no bajará.
Café del tiempo: así se llama ese café (solo) que han puesto en la mesa de al lado, acompañado de un vaso con hielo y una rodaja de limón. Todo por separado. Si quieres azúcar, te la pones antes de trasvasar el café al vaso. Por ese pequeño detalle, porque el azúcar te la sirves al gusto y se disuelve mejor en caliente, el café del tiempo no es un café con hielo.
La horchata (“orxata”) de verdad no se parece en nada a eso que venden en brick (y no lo digo yo, estudios científicos demuestran que “la industrial” es menos afrodisíaca y saludable). Es una infusión fría de chufas (un tubérculo diminuto) machacadas con azúcar. La puedes pedir líquida o granizada. En distintos tamaños. Y si te acercas a su cuna, Alboraia, también puedes combinarla con otros granizados, como el de limón o el de cebada. Esos bollos se llaman “fartons” y son para mojar en la horchata. Cuidado, que gotean.
Si vas a beber algo, ten en cuenta que aquí las tapas se piden (y pagan) aparte. Si tuvieras (diría que bastante) suerte, es posible que tengan un detalle y te pongan unas “papas” (patatas fritas), unos “cacaos” (cacahuetes), unos “kikos” (maiz tostado) o unos “tramussos” (traducido, altramuces en salmuera. Por si no sabes de qué te estoy hablando, te informo de que la piel no se come, se pelan).
Asegúrate de haber anotado bien el nombre del pueblo. Ni te imaginas la cantidad de poblaciones que empiezan por “Beni” (Benimamet, Beniferri, Benimaclet…) o por “Al” (Alboraia, Almassera, Alfafar…). Tiene su explicación en el origen árabe de las mismas. Para que te hagas una idea, su número es similar a las que en Galicia acaban en “eiro/eira”.
La lista podría continuar con un repaso al vocabulario, que también genera algún que otro malentendido. Algunas palabras se las traen, suenan igual, pero no significan lo mismo. Por ejemplo, encalar (no una pared, sino una pelota en un arbol, por ejemplo) o una finca (aquí no son de campo, son bloques de apartamentos). Otras que no existen y, sobre todo, no son nada intuitivas: “Empomar” no es poner un pomo sino coger algo que viene volando, por ejemplo, una pelota. “Pechito” es un babero. “Mocho” llaman a la fregona. Etcétera.
Comencé a escribir esto pensando en gallegos, pero otros amigos del norte también se han dado por aludidos y me han recomendado que abra. Eso he hecho. Como recuerdo de lo que fue, queda su dirección de Internet.
A todo esto, ¿te estás preguntando por qué he elegido una foto de la Ciudad de las Artes y las Ciencias y no he nombrado a Calatrava? Pues ahí te dejo, pensando…
Pues no soy de escribir comentarios pero este articulo me ha gustado, ya que siendo Valenciano resume nuestra cultura y nuestro entender las fiestas, por ejemplo Las fallas. Gracias “cariñet” por escribir este articulo con gran cariño y educacion.
Muchas gracias, José! Igual este también te gusta: https://mjmedialdea.selenus.es/2018/05/22/por-que-valencia-todo-pequenito-xicotet/
Mil gracias por la luz!, Paso trabajo y miedo cada que los escucho gritar, y solo estan hablando del tiempo, mil gracias MJ Medialdea por escribir esto.