Esta receta me la dio mi apañada hermana Mar, la más pequeña y, sin duda, la más práctica. Fue en una de esas reuniones familiares en las que cada uno lleva una cosa y nos ponemos morados a probar platos nuevos. Es obligatorio llevar suficiente… para que sobre. Y muy recomendable acudir con fiambreras para “arreplegar”.
Es sencillísima, aparente y deliciosa.

Una cebolla… o dos, si son pequeñas.
Es tan simple, que voy a detallar los pasos:
- Elige un cazo con una cierta profundidad. La idea es que la cerveza cubra, al menos, hasta la mitad del guiso.
- Marca el solomillo. Es decir, dale vuelta y vuelta, que coja colorcillo.
- Mientras, pica la cebolla… ese momento me encanta, me transporta al desmesurado inicio de “Como Agua para Chocolate”… y me deja los ojos muy limpitos.
- Saca la carne y sofríe la cebolla, hasta que se dore.
- Vuelve a incorporar el solomillo. Colócalo sobre la cebolla, rodéalo con las ciruelas y vierte la lata de cerveza. Si lo haces rápido no hace falta que bajes el fuego… pero si te tomas tu tiempo, hazlo.
- Si no has bajado ya el fuego… es el momento.
- Tapa parcialmente, sin asfixiar, para permitir que las ciruelas se hinchen a la vez que se evapora la cerveza, hasta que la salsa tome consistencia.
- A mitad cocción, dale la vuelta a la carne para que el bronceado sea homogéneo. También conviene, de vez en cuando, asustar al cazo: agarra el asa y dale un par de meneos secos, para que no se pegue nada al fondo.
- ¿El tiempo total? No sé, ¿una hora? Cuando huele a que ya está…
- ¡Listo para mojar pan!
Trucos avoa
Es un plato apto para dietas bajas en sal. Yo le pongo un poco, pero es puro vicio. Podría decir que ese suave toque te hace levitar hasta el culmen de la delicia, al percibir en cada papila gustativa el contraste… pero sería mentira, entre otras cosas porque las papilas que perciben dulce y salado están en sitios distintos 😉
Lo he probado con pavo y pollo (aquí pongo más sal). El resultado final es igualmente apetitoso y morenito. También he utilizado distintas cervezas, que matizan el resultado.

El plato no necesita acompañamiento porque viene con guarnición. El pan sí es imprescindible. Por eso, si quieres que el recuento nutritivo sea de nota, puedes colocar una ensalada verde en el centro que, además de incorporar más vitaminas y fibra, proporciona un refrescante y alegre contraste de colores… y aligera los remordimientos de conciencia, siempre.
Nota: Pido disculpas a mis amigos fotógrafos, pero la que hace lo que puede, no está obligada a más. Os admiro 😉
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