He sido testigo de diferentes reformas educativas, y las que me temo que quedan, pero, desde mi punto de vista, hay cosas muy obvias que no se han abordado. En concreto, y por empezar por algún sitio, incluiría estos cinco puntos, ahora mismo:

1. El inglés… sigue siendo una asignatura pendiente

La cosa es que cuando a mí me machacaban con listas de vocabulario y la cansina gramática inglesa, esa que los niños anglosajones no estudian, España quería entrar en la CEE. Hoy, somos Europa… y los españoles hablamos fatal inglés.

¿Y si comenzáramos con un acercamiento a través de algo conocido? la visualización de vídeos de los dibujos, en Infantil, y las series de televisión, en Primaria, a los que los peques están acostumbrados, pero en versión original. Se familiarizarían con el inglés en su contexto.

Los españoles tenemos vergüenza, nos cuesta abrir la boca en otro idioma… y el caso es que solemos pronunciar muuuy mal. España es así. Pero también tiene fama de cachonda y divertida, ¿por qué no invitar a imitar ese acento tan marcado de los “guiris”? No es broma, sería un ejercicio de fonética y de desinhibición, dos aspectos que, claramente, necesitan refuerzo. Podría admitirse, hasta que el alumno sea capaz de hablar en inglés, que utilice hablar “como los ingleses” como una especie de “muleta”.

El profesor debería ser un experto en gramática, pero transmitirla sobre la marcha y ofreciendo “chuletas”… ¿por qué no? Se trata de que aprendan, no de “ocultar” la información útil como si fuera un secreto.

Siguiendo en la línea del inglés como forma de comunicación, facilitar los mimbres (estructuras gramaticales y vocabulario específico) y promover el intercambio a través de “role playing”, de enseñarles a desenvolverse en contextos creíbles: hacer amigos, comprar el pan, subir al autobús, preguntar una dirección, explicarle al médico una enfermedad, pedir en un restaurante, explicar a un turista cómo llegar a donde quiera ir, presentar una reclamación, comprar un abrigo, opinar sobre un libro, una película, una serie o un videojuego…

 

en caso de emergencia mejor ingles

En caso de emergencia… mejor que sepas inglés (foto real, tomada en un hotel de Londres).

Y, claro, ahora que se ha puesto de moda el inglés como lengua vehicular, ir más allá de la clase de Arts&Craft y Educación Física, ¿por qué no Historia? ¿o Economía?

2. Comunicación emocional

Quizá debería haber empezado por aquí porque, de hecho, creo que es el principal déficit de la escuela: la preparación social.

Es cierto que en casa nos van a enseñar a comportarnos. Pero, al margen de que la familia que te toca, y sus maneras, son una lotería, tampoco hay dos hogares iguales… así que los continuos malentendidos están asegurados. Y como el profesor no puede estar encima de todos, en todo momento, ni se imagina la cantidad de percances que se ¿resuelven? en el patio.

Esta educación emocional, por supuesto, necesita un nuevo nombre. Un título atractivo para los estudiantes… pero aún no se me ha ocurrido.

En esta asignatura aprenderíamos un poco de psicología, un poco de sociología, un poco de neurología, un poco de cultura… pero, sobre todo, sería eminentemente práctica. Nada de teoría, solo explicar los ejercicios. Sería un poco como la educación física, me refiero a practicar, practicar y practicar.

Comunicación asertiva, escucha activa, formulación/aceptación de críticas, negociación, resolución de conflictos, adaptación a contextos y canales (no es lo mismo hablar cara a cara que por teléfono o por “uasap”)… El temario (que mejoraría sobre la marcha) ya está hecho, las consultoras lo denominan “habilidades directivas”, un programa formativo carísimo que las empresas se someten a pagar… porque funciona. Entonces, ¿a qué estamos esperando?

3. Aprendizaje cooperativo… como la vida misma

En el mundo real cada uno aporta algo. En casa, sin ir más lejos, no tendría sentido que todos hiciéramos lo mismo. Hay áreas propias, como tu dormitorio, y luego las comunes. Tienes que aprender a cocinar, sí. Pero no es necesario que te conviertas en un maestro pastelero, quizá te va más lo salado, ¿no?

Esto, aplicado a la escuela se traduciría en un común compartido: los conocimientos básicos sobre los que trabajar en grupo para preparar una presentación. A partir de ahí, que cada uno aporte lo suyo: localización e identificación de información de valor, capacidad de síntesis, organización, creatividad, gracia…

Yo no sé vosotros, pero yo tuve la suerte de tener un par de compañeras muy inteligentes y muy generosas. Cuando salía de Matemáticas y no lo tenía claro, les preguntaba a ellas. En dos minutos me resumían, con palabras normales, la lección impartida durante la hora de clase. Entonces yo, que tenía y tengo un don diferente, planteaba un ejemplo real, de andar por casa, y ellas me confirmaban que había pillado el concepto (o no).

Organizar el grupo, buscar fuentes para documentarse, seleccionar información relevante, resumirla, estructurarla, criticarla, mejorarla, presentarla… hay muchas tareas y cuantas más manos, mejor resultado, seguro.

Y luego probar distintas alineaciones, hay jugadores que son polivalentes y otros no tanto, pero es bueno que nos cambiemos de sitio para entendernos mejor. Si me toca ser ilustradora sabré por qué es importante que las fotos estén en formato horizontal, que tengan una resolución mínima… de manera que cuando no ocupe ese puesto sepa qué espera esa persona de mí (y por qué) y todo sea más fluido.

4. Deberes conectivos

Inevitablemente, en el colegio vamos a aprender muchas cosas y no todas nos van a resultar útiles. Pero si están ahí, será por algo. Mandar como deberes repetir lo mismo que ya te has aburrido de escuchar en clase resulta muy poco atractivo.

 

deberes creative commons Ministerio Educacion

Esta imagen obtenida del banco de imágenes gratuitas del Ministerio Educacion, bajo licencia Creative Commons, ilustra los deberes pero, ¡atención! la he encontrado en la categoría de “Comunicación”, donde aparecía de todo… menos personas.

Sin embargo, conectarlo con la realidad… hay asignaturas en las que sería muy fácil, como las ciencias: experiméntalo en casa.

Pero se puede hacer con todas. Por ejemplo, en Matemáticas, si en lugar de mandarnos resolver una lista interminable de problemas sobre trenes que se chocan, nos pidieran que planteáramos nosotros uno, utilizando la fórmula que estamos trabajando en clase vinculándola a la realidad cotidiana (por ejemplo, las rebajas, la clasificación liguera…).

En Literatura, copiar la estructura y tirar del alma. En Sociales, buscar noticias, hacer encuestas, ver películas… Y todo eso, presentarlo en clase para poner en práctica las habilidades de comunicación.

Además, el profesor podría seleccionar los mejores y recopilarlos para un “recuerdo del curso”.

5. Evaluación personalizada

No hay dos personas iguales. Tenemos puntos fuertes y débiles. Nuestro objetivo debe ser rentabilizar los fuertes y aprender a vivir con los débiles (mejorando, potenciando recursos alternativos…).

No debería figurar una nota y ya está. Aunque esa nota sea una suma de actitud, examen… al final es solo una cifra. Como mucho, una calificación global.

Eso no es evaluación… ¿habéis oído hablar de las rúbricas? Por si no, os explico que consiste en un ejercicio del docente: establecer unos objetivos de aprendizaje, definir unos indicadores de consecución de los objetivos… Es decir, desarrollar una herramienta que es útil tanto para profesores como para estudiantes.

Volvamos a las “notas”… ¿qué significa un 6? ¿un bien? ¿en qué? ¿y por qué no un 10? Todos deberíamos recibir un feedback, una felicitación por lo que hemos hecho bien e información detallada de lo que podemos mejorar.

El error no es negativo, salvo que no aprendamos de él. Y la clase es el mejor lugar para equivocarse porque ahí tienes a una persona experiementada que te puede orientar.

Podría seguir…

Al margen de estas cinco obviedades, también creo que debería darse más importancia a la educación física; ofrecer religión (así, en abierto, para conocer el hecho religioso, que la católica fuera un apartado más del temario), una asignatura de la vida real (desde aprender a escribir a máquina hasta hacer una declaración de la renta, pasando por leer la factura de electricidad)… pero habíamos quedado en solo cinco cosas.

 

test trabajo creative commons Ministerio Educación

Con esta imagen, con licencia Creative Commons del Ministerio Educación, ilustro el último punto y otros que quedan pendientes.

Ah, y a todo esto, no es que me haya dado un ataque de inspiración. Hace muchos, muchos años entré por primera vez en un aula y anoté unas cuantas cosas (soy de fijarme y de imaginar otras maneras). No hace tanto me saqué el CAP e hice mis prácticas con una gran profesora, pero constaté que el entorno era muy similar. Hoy vuelvo allí, a través de mis hijas, y me sorprende lo poco que ha cambiado. Mientras el conocimiento crece y se comparte, por múltiples canales, globalmente, la escuela se queda atrás.