Por si alguien no conoce la metáfora del remero, la reproduzco a continuación porque ni por un segundo pretendo cuestionar la labor docente. Es más, mi intención no es otra que reivindicarla.

La narración es anónima, pero muy ilustrativa y, de hecho, estoy segura de que cualquier persona que haya trabajado en una empresa con una cierta estructura, no podrá evitar sonreír, ¿qué te apuestas?

Innovación a cualquier precio

Si ya conoces la historia, pasa al siguiente apartado. Si no, te cuento: hubo una competición de remo entre dos empresas, una española y otra japonesa, que, por escasa diferencia, ganó el equipo nipón. El equipo directivo ibérico se reunió para analizar las causas y observó que mientras el equipo asiático estaba constituido por diez remeros y un jefe de equipo, el patrio, en cambio, lo formaban cinco remeros, cinco jefes de servicio y uno de departamento. Se concluyó que había que formar un comité evaluador, para plantear una alineación más innovadora de cara a la próxima competición, al año siguiente.

Desgraciadamente, a pesar de las mejoras implantadas, el equipo nipón volvió a ganar la competición, esta vez, incluso, con una diferencia más clara. El comité evaluador fue requerido para explicar la derrota. Al analizar por qué había fracasado la selección española, descubrieron, con sorpresa, que los asiáticos habían mantenido una composición tradicional: diez remeros y un jefe de equipo. Nada que ver con la innovadora alineación hispana: un remero, dos jefes de servicio, cinco jefes de departamento, un subdirector y un auditor de calidad. Se tomó buena nota para la próxima competición.

Pero, llegado el momento, el fracaso fue sonoro. La trainera española llegó a la meta con cuatro horas de diferencia. Tras la reunión con el comité evaluador, el consejo de dirección se reunió y dejó constancia en el acta de las conclusiones: “a pesar de que la formación española era claramente más vanguardista, el resultado ha sido negativo. Indudablemente, no se puede cuestionar la capacidad del equipo, integrado por tres jefes de servicio, tres de departamento, el asesor de gerencia, un coach, un delegado sindical y un guardia de seguridad encargado de vigilar al único remero, cuya actitud había rozado el pasotismo en la línea de meta. La conclusión es clara: el remero es un incompetente. Por tanto, se decide su despido inmediato y se acuerda recurrir a una contrata externa para cubrir esa vacante en el próximo ejercicio”.

La realidad oculta de la educación

Vale, ahora vamos al tema. Hay una realidad, porque existe. Pero está oculta, porque los profesores nunca terminan los temarios. Como el formato a través del que se enseña en los centros educativos, en cumplimiento de la ley, consiste en que los estudiantes aborden los mismos contenidos año tras año, cada vez con un mayor detalle… pues también, año tras año, no llegan a los mismos temas del final del libro.

Esto es así. Lo he constatado por mí misma y a través de las trayectorias escolares de mis hijas.

¿Nunca te has preguntado por qué la guerra civil española se veía de manera tan superficial?… si es que llegabas, claro. Yo antes creía que era un tema incómodo para el profesorado, que es el que está ahí, dando la cara. Ahora… se me ocurren otras posibles explicaciones.

El temario está en la ley y es el que contienen los libros de las editoriales, que se limitan a desarrollar los contenidos requeridos en la norma, sean o no un objetivo realista para los docentes.

Parece que es bastante habitual que quienes ya tienen una cierta experiencia y conocen lo que les da de sí el curso, antes de empezar deciden recortar el temario y se organizan con los profesores del siguiente nivel, para que haya continuidad en el aprendizaje… siempre y cuando los estudiantes no cambien de centro, claro.

Tampoco resulta extraño encontrar a profesores muy organizados que realizan una sencilla operación aritmética: tantos temas entre tantas jornadas lectivas, ese es el margen asignado para impartir cada unidad, me sigan o no… ¿te suena?

Seguro que también hay, porque los he conocido, profesionales de la educación brillantes que reorganizan el material didáctico, que han descubierto metodologías que agilizan, que priman lo más relevante… y que, a pesar de eso, no pueden evitar las prisas de última hora.

Vamos, que estamos hablando de una misión imposible. ¿Qué sentido tiene someter a esa prueba a los ejecutores? ¿por qué diseñar un temario inabarcable?

Zapatero, a tus zapatos

La respuesta que me han dado profesores a quienes he recurrido es que la ley la hacen los políticos. Ya, de hecho, nuestros políticos tienen mucha práctica en esto de redactar leyes generales de la educación, que, fíjate tú, modifican periódicamente, mediante leyes orgánicas, y sin ningún pudor, nuestra, para otras cosas, “intocable” norma-marco.

Sin embargo, los resultados de los estudios a nivel internacional no parecen apreciar esta continua innovación española, que recuerda a la metáfora de los remeros. Y no estoy exagerando, Por ejemplo, entre las propuestas del libro blanco de Marina (y ya me resulta curioso que eliminen la filosofía del currículo, pero recurran a un filósofo para esta cuestión) se plantea la evaluación de los docentes… ¿coincidencia?

Así que creo que es evidente que no lo estamos haciendo bien. Y, seguro, una forma de mejorar sería acercarnos a la realidad, contar con el criterio de los que imparten los temarios.

Sujeto pasivo, pero no mudo

Yo, desde mi humilde punto de vista, que no es otro que el de sujeto pasivo del sistema, creo que más que repetir y repetir temarios que nunca se completan, ¿no tendría más sentido abordar las materias desde distintas perspectivas? Al relacionarlo, ¿no adquiriría todo más sentido y lo asimilaríamos mejor?