No tengo nada en contra de ‘Pintores, Escultores, Ceramistas, Artesanos, Grabadores y artistas similares’. Hubiera sido un puntazo vivir ese momento de ‘mamá, papá… ¡¡quiero ser artista!! Pero, en realidad, mi conversión fue mucho más… ¿fría?, ¿anodina? Para empezar, el escenario: la Agencia Tributaria. Hace cuatro años entré en una oficina, más perdida que la charito, para iniciar los trámites de mi aventura como autónoma.
La funcionaria, muy amable, me echó una mano para rellenar los papeles. Al llegar al alta en el Censo de Actividades Económicas, tras consultar, me indicó el epígrafe 861, el que engloba a los mencionados artistas. Según me explicó, “era el más indicado para mi profesión, donde ponemos a los periodistas”. Sin ninguna estridencia dramática que rememorar, me convertí en artista. Efectivamente, la mayoría de mis colegas están en esa categoría. No todos, porque claro, como no hay epígrafe específico, más que algo obvio es una decisión subjetiva (y tomada por otra persona).
Estimada Agencia Tributaria… ¡quiero ser periodista!
Me presento: soy licenciada en Ciencias de la Información, especialidad en Periodismo. Actualmente me dedico al desarrollo de contenidos para empresas y entidades. Básicamente, a redactar. También a la gestión de sus gabinetes de prensa, a la dinamización de sus perfiles sociales y a otras tareas relacionadas con su comunicación interna y externa.
A mi perfil se le llama, en mi mundillo profesional, “comunicadora institucional” o “periodista de fuente”. Dentro de las empresas y entidades en las que trabajamos, en cambio, se nos conoce más como “esa persona que escribe”, la que “pone las cosas en bonito”, la que “ve noticias por todas partes”, esa pesada que repite “lo que no se cuenta, no existe” o esa que “tiene un horario tan raro y siempre va con prisas”, entre otras cosas.
Yo diría que mi trabajo es bonito. Entretenido, variado, exigente, enriquecedor… me apasiona, pero no lo llamaría arte.

Artista, a mi pesar
No es cuestión de cantidad. Como estoy yo, unos cuantos miles más, según el Informe Anual de la Profesión Periodística 2017. La titulación existe en España desde los años 70. Desde entonces se han expedido unas 100.000 licenciaturas (actualmente, grados). Y a día de hoy puedes elegir entre 106 posibilidades de graduarte en Periodismo (incluyendo dobles titulaciones).
Tampoco de cualidad. No es una profesión nueva. Por citar un ejemplo, el periódico vivo más antiguo (actualmente solo en edición digital), lo fundó en 1645 la reina Cristina de Suecia: el Post- och Inrikes Tidningar o POIT, un boletín de informaciones nacionales. Ah, y por si alguien no lo sabe, actualmente la mayoría de periodistas no trabajamos para los medios de comunicación tradicionales (radio, prensa y televisión).
¡Ya estamos en el diccionario!
¡Brindemos! Hace muy poquito (enero de 2019), la Real Academia de la Lengua ha actualizado su definición de periodismo. Desde mi punto de vista, en su definición han olvidado un paso que damos todos los profesionales (formados y conocedores de nuestra responsabilidad): contrastar. Es decir, comprobar la veracidad de la información a partir de las fuentes. Pero bueno, hemos dado un paso. Ya es, oficialmente, una actividad profesional, ¿se animará la Agencia Tributaria a proporcionarnos un número de identidad?

Unas cuantas asignaturas pendientes
Las personas que nos dedicamos a comunicar, por cualquier vía, no figuramos en la relación de códigos CNAE. Un compendio que llega a un elevadísimo detalle. Por ejemplo, el número 0111 está reservado a “Cultivo de cereales (excepto arroz), leguminosas y semillas oleaginosas” y el último, el 9820, a “Actividades de los hogares como productores de servicios para uso propio”.
Tampoco tenemos categoría en la relación de puestos de trabajo de las administraciones públicas. La Federación de Asociaciones de la Prensa (FAPE) aprobó en su última Asamblea celebrada en Albacete, el 6 de abril de 2019, algunas propuestas vinculadas a luchar contra esta invisibilidad.
Y lo que queda. Por ejemplo, estamos en un limbo docente, ¿te puedes creer que no podemos dar clases de Lengua y Literatura? Nos han metido en el saco de las carreras sociales. Y no te digo que no, pero es que deberíamos estar en las dos. No hay más que mirar nuestro programa de estudios.
Ninguna otra titulación, que yo sepa, tiene tantas dificultades para constituir colegios profesionales, entre otras cosas por el intrusismo a tutiplén. Por no hablar de la discriminación social frente a otras profesiones: si todo el mundo tiene claro que un médico sin título es curandero, ¿por qué decís que comentaristas, paparazzis, tertulianos… son periodistas, aunque no tengan título ni hagan periodismo?
Si no fuera porque lo del colegio profesional es urgente, cerraría diciendo que yo a lo mío, que soy artista.
Imagen principal: Pixabay.
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